Le pasó el catalejo al doctor Juvenal Urbino, y éste vio las carretas de bueyes entre los sembrados, las guardarrayas de la línea del tren, las acequias heladas, y dondequiera que fijó sus ojos encontró cuerpos humanos esparcidos.
Fátima suele venir a lavar unas cuatro veces a la semana, a esta acequia que ahora baja con más caudal, gracias a la nieve caída en febrero, otra anomalía del cambio climático.