Oíanse lamentos de mujeres, voces quebradizas, frágiles, cuchicheos de enfermas o colegialas, de prisioneras o monjas, risas falsas, grititos raspantes y pasos de personas que andan en medias.
Las señoras que acudían a la casa de mi abuela, las acusaciones en redes sociales, los cuchicheos a nuestras espaldas cuando estábamos en el supermercado.