Cayé cortó doce tacuaras sin más prolija elección, y Podeley, cuyas últimas fuerzas fueron dedicadas a cortar los isipós, tuvo apenas tiempo de hacerlo antes de enroscarse a tiritar.
Aunque algunos reptiles suelen estarse muy quietos, como es el caso de los cocodrilos cuando duermen al sol o de las serpientes que veas enroscadas, no hay que olvidar que son animales salvajes muy peligrosos.
Como la criada no le había dicho dónde fue el mordisco, le levantó la sayuela y la examinó palmo a palmo, siguiendo con la luz la trenza de penitencia que tenía enroscada en el cuerpo como una cola de león.