Durante el siglo XX se desarrolló la radioastronomía, que primero escucha el espacio con antenas y pantallas parabólicas y después lo traduce a imágenes.
Las rachas de viento llegaron a los 130 kilómetros por hora y arrancaron de cuajo, cientos de árboles, tejados e incluso antenas parabólicas en sólo diez minutos se recogieron casi 30 litros por metro cuadrado.