Eréndira, que no había podido parpadear, se quitó entonces las pestañas postizas y se hizo a un lado en la estera para dejarle espacio al novio casual.
Le pintó la cara con un estilo de belleza sepulcral que había estado de moda en su juventud, y la remató con unas pestañas postizas y un lazo de organza que parecía una mariposa en la cabeza.
Sí que es verdad que en las primeras temporadas el bigote era mío propio y ahora ya, desde hace como ocho años, incluso más, te diría, es un bigote postizo.