Se había escapado de Sevilla para torear por los pueblos, y venía de Niebla, andando, el capote, dos veces colorado, al hombro, con hambre y sin dinero.
En 1908, bajo el reinado de Alfonso XIII, la presión social fue tal que llevó al gobierno a prohibir a las mujeres torear porque, decían, ofende a la moral y a las buenas costumbres.
Sucede esto en el mundo de los toros, donde lo natural es manejar el estoque (la espada) con la mano derecha y torear, es decir, sujetar la muleta (la tela roja) para que pase el toro, con la izquierda.