Ellos habían construido la mayoría de los nuevos edificios del ensanche y establecido muchos de los mejores negocios y comercios de la ciudad: joyerías, zapaterías, tiendas de tejidos y confecciones.
Un día le pegué con la pelota un cristal en la zapatería y salió un tío, yo tenía la edad de mi sobrino, diez años, me pegó un puñetazo que casi me arranca la cabeza.