Si bien podemos celebrar legítimamente la solución de ciertos conflictos, cabe señalar que, lamentablemente, ciertas situaciones aún distan mucho de solucionarse.
Tristemente, los desfavorecidos en los países pobres no tienen esperanzas de ver ningún rayo de esperanza brillar en su existencia permanentemente sombría.
Es terrible y profundamente triste que miembros del personal y de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas continúen cometiendo esos actos deplorables.
Resulta trágico que casi todos los países en que el paludismo es endémico se encuentren también atrapados en un círculo vicioso de enfermedades y pobreza.
Hoy, 60 años después de la finalización del conflicto armado más devastador de la historia, la humanidad tiene la posibilidad de romper este deplorable ciclo.