¿Y qué nos puede pasar también con las persianas, que a mí me ocurre todo el tiempo con algunas, y tengo que llamar a alguien, a algún manitas, para que las arregle?
¡Qué de migas, qué de natas, qué de guirnaldas y qué de zarandajas pastoriles, que, puesto que no me granjeen fama de discreto, no dejarán de granjearme la de ingenioso!