El rostro del forastero tenía una dolorosa expresión de estupor, y parecía batallar sordamente contra sus impulsos primarios para no disipar el espejismo.
Brincando y precipitándose locamente pudiera acabar conmigo. Pero es posible que haya sido enganchado ya muchas veces y sepa que ésta es la manera de pelear.
Durante muchos años, Ernest Hemingway buscó una variante a la lucha de Ahab con la ballena, una de las historias fundacionales de la narrativa norteamericana.
Así que seguí luchando contra las olas de resaca, sin quitarme la ropa, que me impedía avanzar, a pesar de que sentía que estaba desmayándome a causa del agotamiento.
Esos adversarios con los que ha estado combatiendo él mismo, en el campo de batalla, hasta hace relativamente poco tiempo, no se convierten en criminales natos ni representan el eje del mal.
Ulises permaneció sentado junto al cadáver, agotado por la lucha, y cuanto más trataba de limpiarse la cara más se la embadurnaba de aquella materia verde y viva que parecía fluir de sus dedos.
Cogió la carnada como un macho y tira como un macho y no hay pánico en su manera de pelear. Me pregunto si tendrá algún plan o si estará, como yo, en la desesperación.”