Además, no sé por qué nos hicieron poner el uniforme azul, justamente con ese sol de verano, y todos estábamos transpirando y teníamos como diablos azules en la barriga.
Eso dejaba a Clara sola en el piso cavernoso de la plaza Real y a aquel individuo sin rostro y sus amenazas sueltos en la tormenta con sabe Dios qué ideas.