Hubo una época en la que creí que nosotros jamás tendríamos la oportunidad de salir al espacio —le dijo Zhang Beihai a Chang Weisi, quien había venido a despedirle.
Abrazó a Rinconete y a Cortadillo, y, echándolos su bendición, los despidió, encargándoles que no tuviesen jamás posada cierta ni de asiento, porque así convenía a la salud de todos.