El periodista dedujo que los jóvenes se habían ido a los pueblos de alrededor o a la ciudad para encontrar trabajo en varias esferas, pero se sorprendió al averiguar que sencillamente habían muerto de SIDA.
En un primer momento el Gobierno pareció sorprendido con los ataques, pero aparentemente no estaba en condiciones de contraatacar ni al parecer tampoco estimó en un primer momento que la rebelión fuese una situación militar grave.
En la medida que fuimos trabajando en Hombres Tejedores había palabras comunes, sensaciones comunes, miedos comunes… y eso fue lo que me voló la cabeza.