El segundo compromiso era en casa de una anciana de noventa y tres años, en silla de ruedas, que se preciaba de haber celebrado cada uno de sus últimos treinta cumpleaños con un mago distinto.
Y en esa aventura, en la que pude hacer muchísima magia por la calle y sorprender a muchísimas personas por decenas de países del mundo, pude conocer a muchísimos científicos y hacer juegos de magia relacionados con la ciencia.