Los animales, con la cabeza erguida, atisbaban y olfateaban sin cesar, y sus orejas estaban tensas, como para escuchar el más leve ruido que les haría huir hacia la maleza.
Al cabo de un rato se entreabre una estrecha rendija por la cual atisba la inquilina al visitante con gesto receloso y dejando ver únicamente sus ojos, chispeantes en la oscuridad.
Le pareció que había un lío tremendo, algo bastante parecido a su propia vida en ese momento, pero Pero por primera vez, desde el accidente, pudo atisbar un rayo de esperanza y fe en que todo iba a salir bien.