Ambos permanecimos callados un instante, sudando esa sustancia gorda y viscosa que no es sudor sino la suelta baba de la materia viva en descomposición.
Por fin pudo respirar, todo daba vueltas; peinóse el cabello húmedo con la mano que por detrás de la oreja resbaló y trajo hacia la barba sucia de babas.
Cara de Ángel paseó la mirada por el salón, mientras saludaba, tranquilizándose al encontrar un bulto que debía ser el mayor Farfán; una baba larga le colgaba del labio caído.
La cabellera de Sierva María se encrespó con vida propia como las serpientes de la Medusa, y de la boca salió una baba verde y un sartal de improperios en lenguas de idólatras.
Es por eso que tener babas de perro, bolas de pelo de gatos y huellas de barro cerca de tu madre mientras sigues en su útero puede darle a tu sistema inmune un buen empujón ¡incluso antes de que nazcas!
Y que los dueños van siempre con un trapo porque les cae una baba, una baba, pero de esa pegaposa, como pegamento y medio, y tienen que ir limpiándola.