Sin embargo, en la cabina intermedia, se sorprendieron al encontrar una oficina espaciosa y otra estancia, con la puerta entreabierta, que parecía un dormitorio.
Yo recordaba haber visto la mujer en algún sueño anterior, pero sabía, ya con la puerta entreabierta, que dentro de media hora debía bajar al desayuno.
Cuando estuvo cerca de la habitación ocupada por los gemelos, a la que llamaré el dormitorio azul, por el color de sus cortinajes, se encontró con la puerta entreabierta.
Tenía la cara blanca y los ojos llenos de lágrimas, alcanzó a balbucear que el avión se había desviado en su vuelo, pasando exactamente por el hueco de la ventana entreabierta.
Cruzó el pasillo de puntillas y se quedó durante varios minutos ante la puerta de la buhardilla, antes de reunir valor suficiente para llamar suavemente y entreabrir la puerta.
Al cabo de un rato se entreabre una estrecha rendija por la cual atisba la inquilina al visitante con gesto receloso y dejando ver únicamente sus ojos, chispeantes en la oscuridad.