El Pelele tuvo miedo y quedó largo rato desclavado de su conciencia, con el ansia de las entrañas vivas en la lengua seca, gorda y reseca como pescado muerto en la ceniza, y la entrepierna remojada como tijera húmeda.
En la antigüedad, cuando se usaban plumas para escribir con tinta, eran necesario remojarlas en un tintero que no es más que un recipiente en el que se guarda la tinta.