Como en pos del examen, Arrizabalaga y la señora se sonrieran francamente ante aquella exuberancia de juventud, Nébel se creyó en el deber de saludarlos, a lo que respondió el terceto con jovial condescencia.
Puede que en este momento estés riendo sin ganas con tu cuñada, aguantando un comentario del suegro o puede, sin más que no quieras ni ver a alguno de los que comparte tu mesa.
Mi cuñada tenía un embarazo de siete meses en ese tiempo, entonces ella salvó su vida de realmente milagro porque en el carro en el que estaba, recibió tres, cinco, como cuatro o cinco balazos.