Luego reflexionó que esa explicación condecía con el extravagante edificio y con el extravagante relato, no con la enérgica impresión que dejaba el hombre Abenjacán.
No hay para qué desnudarse -dijo Sancho-; que yo sé que tiene vuestra merced un lunar desas señas en la mitad del espinazo, que es señal de ser hombre fuerte.
El señorito Tom Bloomfield era un niño muy alto, de siete años, de cuerpo delgado pero fuerte, pelo rubio, ojos azules, pequeña nariz respingona y tez pálida.